Cuando Allen arranca el film con
tres empalagasos turísticos minutos en los que podemos apreciar las mil y una
maravillas del encanto parisino, pensamos que Woody sigue en su coma profundo y
sin intenciones de despertarse. Uno llega a pensar que el genio del clarinete
sigue anonadado por los encantos de Scarlett desde Vicky Cristina Barcelona y, como consecuencia, su segundo órgano
más potente no le deja desarrollar todo su potencial. Prueba de ello fueron las
contundentes pifias “Si La Cosa Funciona” (2009)
(no, no funcionó) y “Conocerás Al Hombre De Tus
Sueños” (2010) (ni Hopkins ni Banderas lo fueron).
Pero el neoyorkino, paradójicamente, desde el tercer
minuto se desata de sus temores indagando en ellos. Su recurrente miedo a la
muerte, sus crisis existenciales, su escepticismo, le resucitan a ritmo de
can-can y piezas piantísticas de Cole Porter, todo ello amenizado con una
mezcla de luces de cabaret de Moulin Rouge y de Torre Eiffel. El éxito de la
película se sostiene, en gran parte, por la capacidad de Owen Wilson en
camuflarse en la mente del director y ejercer de su “alter ego”. Gil (Wilson)
es ese típico escritor al que le falta autoestima literaria. Sus ansias de triunfar
con un best-seller se ven sacudidas por su falta de creatividad. Ese tartamudeo
y esa eterna duda dan en el clavo para provocar más de una carcajada.
Allen se permitirá la licencia de saltar en el
tiempo a ritmos endiablados sin que resulte molesto para el espectador,
adentrándonos en su vasto universo intelectual con recreaciones de mitos de los
años 20 o del París de la “belle époque”. De entre todos ellos, destaca un
Hemingway (Corey Stoll) con reflexiones existenciales a golpe de absenta y un
Dalí (Adrien Brody) con una aparación fugaz con hilarantes toques surrealistas
y con una gesticulación y acento absolutamente clavados, si bien este último
detalle es mérito del doblador. Por contra, una modosita Carla Bruni en el
papel de guía y una insoportable Inez (Rachel McAdams) como exponente del nuevo
concepto de mujer florero independiente (los más avispados y/o conspiradores
podrán captar rasgos de misoginia en ella) ponen de manifiesto que Allen sigue
sin alcanzar su máximo nivel.